Moby-Dick; o, el deseo de que se trata
30 y 31 mayo 2014 a Cadiz - España
Oedipe le Salon - Nomade


 
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     « La paciencia de las obras maestras es infinita. Ellas esperan en silencio que los lectores olvidalizos recuerden que existen. Y cuando éstas vienen hacia ellos, les dicen: Así es tu vida » (Philippe FORREST? Beaucoup de jours, P 143).
     El deseo de que se trata es el deseo de analista. Es el que se pone en nuestro telar desde Freud y, para nosotros en ŒDIPE LE SALON, desde DANTE y CERVANTES. Hoy, es la novela de MELVILLE «  MOBY-DICK ; o, el cachalote » que convocamos para iluminar -  con el esplendor del texto, de idiomas y lenguajes mezclados – nuestro tenue farol.
     El Padre Marple, en su sermón, ¿ acaso no nos invita a la Gran Travesía, como si nos invitara a triunfar allá donde Jonas había fracasado ? El profeta, huyendo de la voz de Dios, se había embarcado en Joppe hacia los «  límites del mundo », cerca de Tarshish. Ya sabemos, Jonas encontró en su rumbo el vientre de la ballena. Pero, ¿dónde está Tarshish ? Todos los comentadores y geográfos se perdieron en conjeturas para reconocer este lugar bíblico en los mapas modernos . Para Melville, por la palabra del Padre Marple, no cabe duda… Tarshish es CADIZ, la española ! Encontrémonos, pues, en Tarshish, este lugar más allá de las columnas de Hércules, este lugar «  extremo posible de cualquier navegación ». Por lo tanto, como lo sugiere el Padre Marino : «  Seguro que existe un significado oculto ! »

     Las orillas de la Divina Comedia no están muy lejos, ni los rumores salvajes de las profundidades terrestres, tan cercanas y tan resonantes con los gritos de la tempestad : » el deseo del hombre, según Lacan, es el infierno… precisamente, en el hecho de que es el infierno que le falta ».
     MOBY-DICK, a través de los fulgores de Achab, ¿ provee a lo que falta al deseo del hombre ? Y este «  deseo del hombre » ¿ qué tiene en común con el deseo enigmático del analista ? Enigmático pero siempre actuando en lo vivo de la cura y de la transferencia como fue, al principio, convocado por el analista en «  formación ».
     Efectivamente, se trata del deseo en acto en tanto que no se confunde de ninguna manera con la acción. Achab, siguiendo los pasos de Antigona, actua lo que no cede. ¿ Pero, es un acto ? Achab, esta vez contra Antigona animada por una ley sin escribir, no puede escaparse al arbitrario de una ley delirante que chilla e impone. Para el analista que ordena al analizante el suspenso de cualquier acción, el acto es el del compromiso. Y entonces vuelve con Bataille, la cuestión del acto primero, el acto del sacrificio.
     Bartelby ( el heroe de la novela epónima de Melville) nos enseña que el acto va atado al significante, al idioma, a la palabra : «  I would prefer not do ». Una primera indicación, pues : El acto( de que  « s’agit-se actua ») va atado al significante ! ¿ Aquí no es el primer espacio notable con la acción y el sacrificio ?
     Sostengamos que el deseo de analista se pone en juego en cuanto el analista da pruebas de comprometerse como analista (sobre todo si, como Bartelby, él «  hubiera preferido no… » ! Como un contrato que se transmite, un acto que se copia, el deseo de analista corre de un analista a otro ; cuestión de la «  didáctica », cuestión de la institución analítica. Deseo interminable como un hilo rojo en este juego de vínculos : «  Nos hablan de una práctica particular en la Marina inglesa. Todas las  jarcías de la Marina real, de la más gruesa a la más pequeña, son trenzadas de tal manera que un hilo rojo va de un cabo al otro y que  no se puede desatar sin desatarlo todo ; lo que permite reconocer, incluso en los mínimos fragmentos que todos pertenecen a la corona » ( GOETHE – Les Affinités électives ).He aquí GOETHE llegando a las islas Borromeas. Entonces, lo que empieza tal un hilo rojo en los objetivos transferenciales y que se desliza de un tema a otro para fabricar del analista, yo lo llamaría : «  deseo-analista ». Resto, traza, fantasma que frecuenta la sesión y la aguanta y la aguanta, cosa monstruosa que sopla y sondea en el mar de palabras, silencio intranquilo antes de que la búsqueda no se vuelva caza obstinada… Fantasma, silencio dejan sitio a lo que el deseo del analista ( y quizás el deseo-analista) debe al duelo.
     En el Pequod, los idiomas, como las razas, son juntadas, mezcladas y multiplicadas. Babel se invitó en la nave de Noe. A estos idiomas meztizos MELVILLE añade el que llamaba «  outlandish », idioma «  del gran más allá ». ¿ No es aquí un recuerdo de este idioma propio que el analizante descubre progresivamente y enseña, en la transferencia, al quien le escucha y allí se compromete ?
     Tranfert ou trans-enfer ?¿ Transferencia o trans-infierno ?: juego de palabra en francés.
     Sí, ¿qué infierno falta, pues, al analista para que su melancolía, paradojicamente, lo guarde en vida ? Agosto 1852 ; por una bella tarde de verano, MELVILLE encuentra a HAWTHORNE y es como si SHAKESPEARE y sus fantasmas se hubieran proyectados, de un golpe, al escenario, más allá del Atlántico arrastrando con ellos la negrura trágica de los antiguos  Griegos : ¿ No es verdad que todas las travesías, todas las carreras hasta la punta del Cabo Horno, todas las cazas del Monstruo Blanco, atraen ellas también, como lo hubiera profetizado Freud, la peste ?
     El infierno falta… y es el infierno!
     Otra falta grita en el texto que no se nos puede escapar: el femenino.
     De verdad el idioma inglés le da un lugar de excepción integrando el vocabulario de los marineros: HER Majesty Ship ! Y también… ¿ la «  white whale », única, deseable, deshonrada, aterradora, no va al corazón del « dark continent » ?Pez con bonitos pechos, MOBY-DICK es la más encantadora sirena de los océanos y Achab su maravilloso servidor. Así, asido por esta pasión de hacer sólo uno con el otro, el brazo tendido hacia el relámpago que llama, atado al mastil de Artimon desnudo y furioso para oír mejor, Achab se yergue contra Ulises, en las mismas tempestades pero contra la vuelta a sí mismo, hacia este femenino de que sólo quiere conocer el rostro blanco y dentado, único ; ¿ Pero el femenino de Moby-Dick no está ahogado en lo materno ?
     Porque este mundo reducido a las tablas y jarcías de la nave ballenera, este mundo de hombres hechos y derechos no es más bien un mundo de niños, un mundo de una infancia apretada entre un vientre uterino hecho de madera, de pez, de tela y la voz chillante, delirante, de un padre frenético… Y si Ismaël es este niño bañado de blanco, este niño perdido en el seno de su melancolía, ¿ Achab no es el que rechaza el vagabundeo, rompiendo sextante y compás, para dirigirse todo recto hacia la que lo llama, remontando el tiempo hacia lo Unico, a la espera del abrazo mortal y fusional : la ballena-montruo hecha de mujer y de madre ? Achab, como el asombroso Ulises de Dante, se hunde y se hunde sin ceder. Este no vagabundeo, entre saber absoluto ( y MELVILLE nos abruma con su cetología ) y deseo halucinado, este viaje con seguro a todo riesgo ( comprendido como asegurado contra todos los riesgos ! ) es el viaje sin regreso hacia el fuera de sí absoluto.
     Tres palabras abren el texto, martilleadas como acordes beethovianos :¿ «  call me Ismaël » ? ¿Quién eres tú ? Resonando con el ¿quién soy yo? Allí está el analista ofreciéndose al quien quiere hablar el precio de su silencio. Llámadme con cualquier nombre, podría decir también el analista en el acto que lo compromete.¿ De qué el deseo del analista – cuando (se) actua- lleva los nommbres ? Y si pide freudianamente suspender toda acción al que habla, es para sorprender mejor el valor de acto cuando ella surge : acto fallido, palabra escapada, ademán esbozado… ¿ Pero quid del acto del analista ? Este acto de ocupar el sitio allí donde se le ordenan endosar todos los nombres! Desde Freud sabemos que es necesario ser dos para que una palabra sea una ocurrencia, para que un acto sea fallido, un sueño soñado. Aquí es necesario un decir y una dirección. Yo añadiré que también es indispensable un «  viaje », una « travesía »! Lacan (en 67) nos advierte : «  el mínimo desconocimiento de lo que es el acto sicoanalítico provoca enseguida… que sea llevado a la negación de la posición del analista ». Allí estamos en pleno trabajo! y la experiencia de la transferencia cuestiona esta calidad del «  nosotros dos » que nos mete en medio de las tormentas, llenas de relámpagos y de fuegos de San Elmo… He aquí a lo que nos confronta MOBY-DICK, al pie de la letra: el horror del acto. Achab clava su doblón de oro en pleno mastil como una prueba de compromiso. A partir de ahora todos están comprometidos.
     ¿Todos nosotros? Es de lo que se trata?

Serge SABINUS
Paris, Marzo 2013

(Traducción en español: Marie Claude et Xavier MOYA PLANA)

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